El carácter de tu existencia, viene determinado por las energías a las que te conectas.

Si tu disponibilidad a dar felicidad es limitada, también lo será tu disponibilidad a recibirla.

Sin odiar nunca, sin resistir nunca, sin luchar nunca, simplemente siendo y aprendiendo.

Su única preocupación es su propia sinceridad.

Cualquier infelicidad es creada por la actividad de la mente.

Lo que dices y lo que hace determina lo que sucede.

Eres el dueño de tu vida y de tu muerte, lo que haces es lo que eres.

Deja de analizar, dividir, hacer distinciones entre una cosa y otra. Ve simplemente lo que eres dentro del universo, y acepta todas las cosas y a todos los seres como parte de tu cuerpo infinito.

Deja que tu trabajo y tu ocio sean la misma cosa.

Escucha música que conecte las tres esferas de tu ser.

Sirve a los demás y desarróllate al mismo tiempo.

Evita simplemente apegarte a lo que ves y piensas.

Abandona el concepto de que estás separado de la mente omnisciente del universo. Entonces puedes recuperar tu percepción interior pura, y ver a través de todos los espejismos.

No sabiendo nada, serás consciente de todo.

Evita fantasear y deja que emerja tu pura percepción interior.

Calma tus emociones y mora en la serenidad.

El dolor y la felicidad son simples estados del ego.

Cantar no es más sagrado que escuchar el murmullo de un arroyo, pasar las cuentas de un rosario no es más sagrado que simplemente respirar, los hábitos religiosos no son más espirituales que la ropa de trabajo.

Simplemente fúndete en la verdad y deja que te rodee.

Sabiendo que llegará el amanecer, puedes descansar en paz por la noche.